MI CRITICA SOBRE “EL DISCURSO DEL REY”…

“El rey George V está llegando al final de su reinado y su hijo mayor Edward está designado para sucederle en el trono. Cuando llega el momento, Edward es coronado rey pero se encuentra incapaz de compaginar las restricciones del puesto con su deseo de casarse con una mujer divorciada. Su hermano menor George casi no tiene apariciones públicas dado su tartamudeo pero finalmente parece que está encontrando una forma de superarlo gracias a la terapia y amistad de un logopeda australiano.”

Bien es sabido por la televisión que los ricos también lloran, y lo mismo pasa con los reyes y sus augustas familias. El cine británico, que nos regaló ya otro retrato muy humano de una de sus monarcas, la actual reína Isabel II, de la mano de Stephen Frears, se interesa ahora por su papá, el rey Jorge VI, al que le tocó bregar con la II Guerra Mundial, en un puesto para el que no estaba predestinado… y para colmo con una incómoda tartamudez. “El discurso del rey” (2010), de Tom Hooper, es una pequeña joya para el disfrute de todos los amantes de un cine con rostro humano.

“El discurso del rey” es una película de cómo George llegó a ser rey, tanto políticamente como mediáticamente a través de discursos en la radio. Es un filme dramáticamente ligero y con bastantes momentos cómicos en los que se asiste a la creación y fortalecimiento de la relación de amistad entre él mismo y su logopeda. La película más valorada de la historia según la base de datos cinematográfica más importante de internet, Imdb, se basa también en la relación de amistad entre dos hombres a lo largo de los años. “Cadena perpetua”, con Tim Robbins y Morgan Freeman, ha ocupado la primera posición de su listado durante los últimos años y “El discurso del rey”, parecida en tono, estilo y desarrollo, es como mínimo igual en calidad y disfrute.

 

 

 

Un edificio como el construído por Hooper se asienta sobre los fundamentales pilares -aparte del gran texto de Seidler- de unos intérpretes en estado de gracia. Firth, Rush y Bonham-Carter merecen como poco una nominación al Oscar. El primero, que ya fue candidato este mismo año con “Un hombre soltero”, esta vez sí debería llevarse el dorado eunuco a casa.

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